
Las diferentes culturas asentadas en el Mediterráneo (griegos, romanos, árabes, judíos...) han disfrutado siempre de las propiedades lúdicas y curativas del agua. Este hecho tuvo su máximo exponente en la cultura romana, en la que la existencia de aguas termales era decisiva para establecer sus poblados, convirtiéndose posteriormente en el punto neurálgico de los encuentros sociales.
En el siglo XIX se popularizaron entre las clases más pudientes las visitas terapéuticas a balnearios con el fin de disfrutar de las propiedades curativas de las aguas mineromedicinales. Fue entonces cuando esta agua con propiedades curativas se empezó a comercializar en envases de cerámica o porcelana, para poder seguir haciendo en casa el tratamiento curativo iniciado en los balnearios.



Composición

